jueves, 12 de marzo de 2009

DESTINATION ANYWHERE

Hace ya mas de una década, recordaba yo el título de esta película, ad hoc con el álbum del mismo nombre a cargo de John Bon Jovi, quien alternó con un reparto si no de lujo, sí de Grandes Ligas.
No he tenido la oportunidad de ver la película como realmente quisiera, aunque espero descargar parte del álbum algún día de "I tunes".
En ocasiones "Destination" y "Anywhere" son las dos primeras palabras que vienen a mi mente cada vez que busco una ruta de escape cuando el estrés y la locura derivada de la monotonía, se adueñan de mí. "Cualquier lugar es bueno, pese a que ningún camino lleve a ninguna parte, y sientas que el tiempo pasa en vano", repican dentro de mí estas palabras que se asoman ante la amenazante rutina.

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Sólo las ondas hertizanas convertidas en migrantes de fibra óptica a través de la web son como algo capaz de paliar la depresión y el desánimo, que hace menos de un año se veían reflejadas como una expectativa demasiado alta.
Esas señales perdidas entre la "triple w" marcan el contraste de las carencias y la pobreza radiofónica de mi ciudad, a la que he decidido ya no llamar por su nombre y hacer referencia de ella como simple y sencillamente como "el rincón de las falacias".

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La crísis parece haber afectado al cuadrante, pero no ahora, sino desde hace varios años atrás. El sonar de las tubas, acordeones y redobas se suman a la monotonía y al hastío. Cada canción, cada tema que suena a través de una lejana señal, filtrada a través de una tarjeta de sonido es como una ligera medicación, pero a la vez un recordatorio de que aquí también hay un gran vacío.
No sé porqué me sucede. Pude resistir un martirio de nueve años aguantando las inclemencias y caprichos de alguien a quien apodábamos "la voz", no por cantar ni parecerse a Frank Sinatra, sino por el tono tan agudo y tipludo, que más que temeroso lo hace lucir como alguien bastante patético.

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Y mientras tanto, la música sigue su curso. The Outfield, en su momento era muy fresa y hoy lo percibo como algo nostálgico, que nos suma como parte de la llamada "Generación Classic, esa a la que poco a poco me sumo después de haber resbasado las tres décadas, esas a la que ahora llaman la segunda adolescencia, y en la que la rutina y monotonía, principalmente por la rgidez de los horarios, parecen hacernos volver a la "tortura" de las aulas.

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